Alteraciones de conducta en mayores y demencias

Alteraciones de conducta en mayores y demencias: comprende la agresividad y la apatía, qué puede haber detrás y cómo acompañar en casa.

Familiar acompañando
Familiar acompañando

Una persona que siempre ha sido tranquila empieza a enfadarse cuando llega la hora del aseo. Otra, que antes disfrutaba saliendo a pasear o charlando con la familia, pasa buena parte del día sentada y parece haber perdido el interés por casi todo.

Para quienes cuidan, estos cambios pueden resultar desconcertantes. Es fácil pensar: «¿Por qué se comporta así?», «¿lo hace porque no quiere colaborar?» o «¿por qué ya no tiene ganas de nada?».

Cuando existe Alzheimer u otro tipo de demencia, algunos cambios de comportamiento pueden formar parte de la enfermedad. Pero no todo debe atribuirse automáticamente a la demencia. La agresividad, la irritabilidad o la apatía también pueden aparecer cuando la persona siente dolor, miedo, cansancio, hambre, sed, malestar físico, estrés o no comprende lo que está ocurriendo a su alrededor.

Por eso, antes de intentar «corregir una conducta», suele ser más útil preguntarnos qué puede estar expresando.

Este contenido es orientativo y no sustituye una valoración médica, de enfermería o de otros profesionales sanitarios.

🔍 Mirar más allá de la conducta

Decir que una persona tiene una «alteración de conducta» puede sonar como si el problema estuviera únicamente en ella.

Sin embargo, detrás de una reacción pueden existir necesidades que la persona ya no consigue explicar con facilidad.

Imaginemos que se enfada cuando intentamos ayudarla a ducharse. Tal vez tenga frío. Quizá no entienda quién está intentando quitarle la ropa. Puede sentir vergüenza, dolor al levantar un brazo o simplemente querer hacer las cosas a su manera.

La demencia puede dificultar la comunicación, la orientación y la capacidad para interpretar correctamente algunas situaciones. También puede hacer que la persona se sienta frustrada, asustada o fuera de control.

La pregunta cambia entonces de:

«¿Cómo consigo que deje de hacer esto?»

a:

«¿Qué puede estar necesitando o intentando expresar?»

Ese pequeño cambio de enfoque puede ayudarnos a responder con más calma.

😠 Cuando aparece agresividad o irritabilidad

La agresividad puede ser verbal —gritos, insultos, acusaciones— o física, como empujar, intentar golpear o apartar bruscamente a alguien.

Que aparezca una reacción agresiva no significa necesariamente que la persona quiera hacer daño.

Entre los posibles desencadenantes se encuentran el dolor, la falta de sueño, el estreñimiento, el estrés, los cambios de rutina, demasiado ruido, sentirse presionada para realizar una actividad o algunos efectos de los medicamentos.

También puede suceder que no comprenda lo que estamos intentando hacer.

Por ejemplo, acercarnos rápidamente para cambiarle la ropa puede parecernos una ayuda completamente normal. Pero si la persona no reconoce el contexto, puede interpretar que alguien está invadiendo su espacio y reaccionar defendiéndose.

🗣️ Qué hacer en un momento de tensión

Cuando la persona está muy alterada, intentar razonar durante varios minutos rara vez es la mejor estrategia.

Puede ayudar:

  • 🌿 Hablar despacio y con un tono tranquilo. Evita subir la voz para imponerte.

  • ↔️ Dar espacio físico. Si está muy enfadada, no la rodees ni bloquees su salida.

  • 👂 Escuchar antes de corregir. Quizá esté expresando miedo, dolor o rechazo.

  • ❌ Evitar discutir. Intentar demostrar quién tiene razón puede aumentar la tensión.

  • ⏸️ Parar la tarea si es posible. A veces el aseo, el cambio de ropa o cualquier otra actividad puede intentarse unos minutos después.

  • 🔇 Reducir estímulos. Apagar la televisión, disminuir el ruido o pedir a varias personas que salgan de la habitación puede ayudar.

  • 🎵 Redirigir hacia algo conocido. Una canción, una bebida, un paseo corto o una actividad cotidiana pueden cambiar el foco.

Mantener una rutina previsible y un ambiente menos ruidoso también puede reducir algunos episodios de agitación.

Si existe riesgo de que alguien resulte herido, la prioridad es la seguridad. Conviene mantener distancia, retirar objetos peligrosos si puede hacerse sin exponerse y pedir ayuda. Ante una situación de peligro inmediato, debe contactarse con los servicios de emergencia.

📝 Buscar patrones puede dar muchas pistas

Cuando una conducta se repite, podemos hacer de detectives, pero sin intentar diagnosticar.

Durante unos días puede ser útil anotar:

  • ⏰ A qué hora ocurre.

  • 📍 En qué lugar.

  • 👥 Quién estaba presente.

  • 🚿 Qué estaba sucediendo justo antes.

  • 😣 Si la persona parecía tener dolor o molestias.

  • 🍽️ Cuánto hacía que había comido o bebido.

  • 😴 Cómo había dormido.

  • 💊 Si ha habido cambios recientes de medicación.

  • 🌿 Qué ayudó a que la situación terminara.

Quizá descubramos que los enfados aparecen casi siempre durante el aseo, cuando hay demasiadas personas hablando o al final de la tarde.

Encontrar un patrón no siempre permite conocer la causa, pero proporciona información muy útil para la familia y para los profesionales sanitarios.

😶 Apatía: cuando parece que «ya no quiere hacer nada»

La apatía puede resultar menos llamativa que la agresividad, pero también desconcierta mucho a las familias.

La persona puede dejar de iniciar conversaciones, necesitar que alguien le proponga cada actividad, abandonar aficiones que antes disfrutaba o pasar largos periodos sin hacer aparentemente nada.

No deberíamos interpretarlo automáticamente como pereza o falta de voluntad.

En las personas con demencia, la apatía puede implicar una disminución de la motivación y de la iniciativa. Algunas personas tienen dificultades para empezar una tarea y otras pueden comenzar pero perder rápidamente el hilo de lo que estaban haciendo.

Además, si una actividad se ha vuelto complicada, la persona puede haber perdido confianza y evitarla para no equivocarse.

🌱 Cómo acompañar la apatía sin obligar

Decir constantemente «venga, tienes que hacer algo» puede terminar produciendo frustración para todos.

Suele ser más útil facilitar el primer paso.

En lugar de:

«¿Quieres salir a pasear?»

una pregunta a la que resulta sencillo responder «no», podemos probar:

«Voy a dar una vuelta corta. ¿Vienes conmigo hasta la esquina?».

En lugar de:

«Haz algo, llevas toda la tarde sentado».

podemos acercarnos con unas fotografías y decir:

«Mira lo que he encontrado».

También ayuda elegir actividades conocidas y sencillas: doblar unas prendas, regar plantas, escuchar música, pelar unas verduras, mirar un álbum o salir unos minutos al balcón.

El objetivo no es mantener a la persona ocupada constantemente. Es ofrecer oportunidades de participación sin presión y respetando que también puede querer descansar.

Las actividades demasiado complejas o los ambientes con muchos estímulos pueden resultar difíciles para algunas personas con demencia, por lo que adaptar la actividad a sus capacidades e intereses puede facilitar la participación.

🌧️ Apatía y depresión no son exactamente lo mismo

Apatía y depresión pueden parecerse.

En ambas puede aparecer pérdida de interés, poca energía o menor participación en las actividades. Sin embargo, no son equivalentes y distinguirlas puede resultar difícil incluso para los profesionales. En la depresión suelen existir además emociones negativas persistentes, como tristeza, desesperanza o culpa.

Por eso no conviene concluir por nuestra cuenta:

«Está así porque tiene demencia».

Si la persona ha cambiado claramente, está cada vez más aislada, pierde interés por todo, come peor, duerme mucho más o menos o presenta otros cambios importantes, merece una valoración profesional.

🩺 Un cambio repentino siempre merece atención

Este punto es especialmente importante.

Si una persona que estaba estable se vuelve de repente mucho más agresiva, apática, confusa o somnolienta, no debemos asumir que la demencia ha avanzado de un día para otro.

El dolor, problemas físicos, falta de sueño, determinados medicamentos y otros problemas de salud pueden provocar cambios de comportamiento. El Instituto Nacional sobre el Envejecimiento recomienda avisar al médico cuando existe un cambio repentino o rápido, especialmente si ha habido una infección o modificaciones recientes de la medicación.

Conviene solicitar valoración médica especialmente si aparecen también:

  • 🤒 Fiebre o malestar general.

  • 😣 Dolor.

  • 🚽 Cambios importantes al orinar o defecar.

  • 💧 Menor ingesta de líquidos.

  • 🍽️ Pérdida notable de apetito.

  • 😴 Somnolencia mucho mayor de lo habitual.

  • 🤕 Una caída reciente.

  • 💊 Cambios de medicación.

  • 🧠 Confusión que ha aparecido de forma brusca.

No se trata de buscar una causa concreta en casa, sino de proporcionar al profesional toda la información posible.

💛 Y la familia también necesita apoyo

Recibir insultos, enfrentarse a un episodio de agresividad o intentar animar día tras día a alguien que parece no querer participar puede resultar agotador.

Comprender que una conducta puede estar relacionada con la enfermedad ayuda, pero no hace que emocionalmente sea fácil.

Si notas que estás llegando al límite, intenta alejarte unos minutos cuando la situación sea segura, repartir responsabilidades y hablar de lo que está ocurriendo con otras personas de la familia o con profesionales.

No hace falta aguantar cualquier situación en silencio.

Cuidar también implica proteger la seguridad y el bienestar de quien cuida.

❤️ Antes de pensar «es la demencia», observa

Los cambios de conducta pueden hablarnos de muchas cosas: miedo, cansancio, dolor, frustración, necesidad de tranquilidad o dificultades para comprender lo que sucede.

En otros casos forman parte de los cambios que provoca la propia demencia.

No siempre encontraremos una explicación inmediata. Pero observar, reducir la confrontación, adaptar el entorno y pedir valoración cuando algo cambia puede ayudarnos a comprender mejor a la persona.

Y esa mirada también es importante ante otros síntomas que a veces atribuimos simplemente a la edad. El cansancio, la debilidad o una menor energía no siempre significan «se está haciendo mayor». En el siguiente artículo hablaremos de la anemia en la tercera edad, sus posibles señales y por qué conviene consultar cuando aparecen.