El rincón del relax: espacio de calma en casa
El rincón del relax puede aportar calma y comodidad. Descubre cómo crear en casa un espacio agradable, seguro y adaptado a una persona mayor.
Mónica Cortijo


A veces no hace falta cambiar toda la casa para que una persona se sienta más cómoda.
Puede bastar con un sillón bien colocado, una luz agradable, una manta ligera, una mesa auxiliar y algunos objetos que resulten familiares.
Ese pequeño espacio puede convertirse en un lugar para descansar, leer, escuchar música, recibir una visita o simplemente estar un rato tranquilo.
Cuando una persona mayor pasa muchas horas en casa, el entorno influye mucho en cómo vive el día. Un salón demasiado ruidoso, con mucha televisión, demasiados estímulos o muebles poco cómodos puede resultar cansado. En cambio, un rincón pensado con calma puede favorecer el descanso sin necesidad de convertir la vivienda en un espacio asistencial.
La clave está en crear un lugar agradable, seguro y adaptado a los gustos de quien lo va a utilizar.
🛋️ Empezar por una pregunta sencilla
Antes de mover muebles o comprar nada, conviene preguntar:
«¿Dónde te gusta estar cuando quieres descansar?»
Puede que la respuesta no sea el rincón que nosotros habíamos imaginado.
Quizá la persona prefiera sentarse cerca de una ventana.
Tal vez le guste estar donde pueda escuchar la conversación de la familia.
O quizá valore más tener cerca la televisión, la radio o una mesa donde hacer crucigramas.
El objetivo no es crear un espacio bonito para una fotografía.
Es crear un lugar que esa persona quiera utilizar de verdad.
☀️ Buscar una buena ubicación
Siempre que sea posible, puede resultar agradable elegir una zona con luz natural.
La cercanía a una ventana puede aportar sensación de amplitud y permitir mirar al exterior, ver pasar gente, observar el tiempo o simplemente recibir claridad durante el día.
Eso sí, hay que evitar que el sol directo produzca demasiado calor o reflejos molestos.
También conviene pensar en el ruido.
Si el rincón está junto a una televisión que permanece encendida durante horas, quizá no sea tan relajante como parece.
Podemos intentar encontrar un equilibrio: suficientemente integrado en la vida de la casa, pero sin estar en medio de todo el movimiento.
🪑 El sillón importa más que muchos adornos
El elemento principal será probablemente el asiento.
No hace falta comprar un sillón especial si el que ya tiene resulta cómodo y seguro.
Conviene valorar:
🪑 Que permita apoyar bien la espalda.
🦶 Que los pies puedan descansar de forma estable.
💪 Que tenga reposabrazos si facilitan levantarse.
📏 Que no sea excesivamente bajo.
🧍 Que permita incorporarse sin demasiado esfuerzo.
🧸 Que resulte cómodo sin hundirse demasiado.
Un sillón muy blando puede parecer confortable, pero puede dificultar mucho levantarse.
Si la persona tiene problemas de movilidad, dolor o dificultades para incorporarse, puede ser útil consultar con fisioterapia o terapia ocupacional sobre la altura y el tipo de asiento más adecuados.
💡 Una iluminación que ayude, no que deslumbre
La luz puede cambiar mucho cómo se percibe un espacio.
Durante el día, podemos aprovechar la iluminación natural.
Por la tarde o por la noche, una lámpara próxima puede ser útil para leer, hacer labores o simplemente evitar zonas demasiado oscuras.
Conviene evitar luces directas muy intensas o reflejos.
También es importante que el camino entre el sillón y el resto de la casa esté bien iluminado, especialmente si la persona se levanta con frecuencia o tiene dificultades de visión.
Un rincón de calma no debería convertirse en un rincón con riesgo de tropiezos.
☕ Una mesa auxiliar puede hacer el espacio mucho más útil
Tener una pequeña mesa al alcance permite disponer de:
💧 Un vaso o botella de agua.
👓 Las gafas.
📖 Un libro.
📱 El teléfono.
📺 El mando a distancia.
🧻 Pañuelos.
✍️ Una libreta o pasatiempos.
Esto puede favorecer la autonomía porque evita tener que levantarse constantemente o pedir a otra persona objetos sencillos.
La mesa debe ser estable y estar bien colocada, sin dificultar el paso.
🎵 Añadir cosas que realmente le gusten
No existe una lista universal de objetos relajantes.
A una persona puede gustarle tener fotografías familiares cerca.
Otra prefiere una radio.
Otra quiere una planta.
Otra disfruta tejiendo o haciendo sudokus.
Podemos pensar en qué actividades le hacen sentir bien.
Algunas ideas:
📚 Libros o revistas.
🎶 Radio o altavoz sencillo.
🧶 Material para labores.
🧩 Pasatiempos.
🌿 Una planta fácil de cuidar.
📷 Fotografías elegidas por la propia persona.
🕯️ Elementos decorativos familiares y seguros.
☕ Una taza favorita.
La sensación de calma no depende de llenar el espacio de cosas.
A veces ocurre justo lo contrario.
Un rincón demasiado cargado puede generar más ruido visual y dificultar encontrar lo que necesitamos.
🧺 Menos desorden también puede ayudar
Acumular revistas, cables, mantas, cajas, cojines y pequeños muebles puede convertir un espacio cómodo en un lugar difícil de utilizar.
Además, algunos objetos pueden terminar en zonas de paso.
Puede ser útil revisar de vez en cuando:
«¿Esto se usa realmente?»
Si no, quizá podamos guardarlo en otro sitio.
Mantener el espacio despejado no significa hacerlo frío o impersonal.
Podemos conservar los objetos importantes y retirar lo que dificulta el movimiento o la limpieza.
🦶 Atención a las alfombras y los cables
Aquí sí merece la pena pensar en seguridad.
Las alfombras que se mueven, los cables atravesando zonas de paso o los muebles pequeños difíciles de ver pueden favorecer tropiezos.
Podemos intentar:
🔌 Llevar los cables pegados a la pared.
🚶 Mantener despejado el recorrido.
🪑 Evitar muebles bajos en mitad del paso.
🧹 Revisar alfombras que se levantan o deslizan.
💡 Mantener una iluminación suficiente.
No necesitamos eliminar cualquier objeto decorativo.
Se trata simplemente de reducir aquellos obstáculos que realmente pueden generar problemas.
🧠 Si existe deterioro cognitivo, mejor sencillo y reconocible
Cuando hay Alzheimer u otra demencia, un entorno demasiado cargado puede resultar confuso.
Puede ser útil mantener el rincón sencillo, con objetos familiares y fáciles de identificar.
Por ejemplo:
Una fotografía conocida.
Una manta habitual.
Una radio que la persona reconoce.
Un sillón que siempre ha utilizado.
Un pequeño espacio estable puede aportar familiaridad.
También conviene evitar cambiar continuamente la distribución.
Si una persona se orienta bien en su casa, mover muebles cada pocas semanas puede dificultarle las cosas.
🌸 El rincón no debe convertirse en un lugar donde “aparcar” a alguien
Este punto es importante.
Crear un espacio cómodo no significa que la persona deba pasar allí todo el día.
El rincón puede servir para descansar, leer o tener momentos tranquilos, pero debería formar parte de una rutina más amplia.
También es bueno cambiar de postura, levantarse cuando sea posible, caminar, salir, conversar o participar en otras actividades.
La comodidad no debería transformarse en inmovilidad.
Si la persona permanece muchas horas sentada por dificultades de movilidad, conviene seguir las recomendaciones de los profesionales sobre cambios posturales, actividad y cuidado de la piel.
💬 También puede ser un espacio para estar acompañado
Un rincón de calma no tiene por qué ser un lugar solitario.
Podemos colocar una segunda silla cerca para que alguien pueda sentarse a conversar.
A veces las mejores conversaciones aparecen precisamente cuando no estamos haciendo nada especial.
Un café.
Una tarde de lluvia.
Una canción de fondo.
Dos personas sentadas sin prisas.
Ese tiempo también forma parte del bienestar.
📝 Un pequeño ejercicio antes de prepararlo
Antes de crear el espacio, podemos responder juntos a estas cinco preguntas:
1. ¿Dónde te gusta sentarte?
2. ¿Qué haces normalmente cuando quieres descansar?
3. ¿Qué cosas quieres tener cerca?
4. ¿Qué te molesta del salón ahora mismo?
5. ¿Qué haría este rincón más agradable para ti?
Las respuestas probablemente serán más útiles que cualquier lista de decoración.
💚 Un espacio propio dentro de la casa
No hace falta disponer de una habitación especial.
Un rincón del salón puede ser suficiente.
Lo importante es que la persona sienta que ese lugar está pensado también para ella, respetando sus preferencias y su manera de estar en casa.
Puede ser un sillón junto a la ventana.
Una lámpara.
Una planta.
Una manta.
Una mesa con su libro y sus gafas.
Pequeños detalles que transmiten algo sencillo:
«Aquí puedes estar a gusto».
Y si queremos seguir explorando cómo el entorno puede aportar bienestar, podemos ir un paso más allá y trabajar también con los sentidos: aromas, plantas, texturas, sonidos y colores.
En el siguiente artículo hablaremos de el jardín de los sentidos, y de cómo crear un pequeño espacio donde tocar, oler, escuchar y disfrutar de la naturaleza de una forma sencilla y adaptada.
