El humor como medicina en el cuidado de mayores
El humor como medicina puede aportar conexión y aliviar tensiones en el cuidado. Aprende a reír juntos respetando siempre a la persona mayor.
Mónica Cortijo


Hay días en los que todo parece girar alrededor de medicación, citas, olvidos, cambios de conducta o tareas pendientes.
Y entonces ocurre algo inesperado.
Una palabra equivocada termina en una broma. Suena una canción que siempre hacía reír a la familia. Alguien cuenta una anécdota de hace años y, durante unos minutos, vuelve esa carcajada que conocéis de toda la vida.
Cuando existe Alzheimer u otro tipo de demencia, a veces sentimos que debemos estar permanentemente serios porque la situación también lo es.
Pero seguir riéndose juntos no significa restar importancia a la enfermedad.
El humor puede aliviar momentos de tensión, facilitar la comunicación y mantener una forma de conexión que continúa teniendo valor incluso cuando otras capacidades cambian. La Alzheimer's Society señala que reír juntos ante determinados malentendidos puede aliviar la tensión y acercar a las personas, siempre procurando que la persona con demencia no sienta que se ríen de ella.
Eso sí: llamarlo «medicina» es una manera de hablar. El humor no cura la demencia ni sustituye la valoración, el tratamiento o los cuidados profesionales.
💛 Reír con alguien no es reírse de alguien
Esta diferencia es fundamental.
Podemos reírnos juntos de una situación absurda, una anécdota familiar, una película o una equivocación que la propia persona vive con humor.
Muy distinto es convertir sus dificultades en el motivo de la broma.
Por ejemplo, si una persona pronuncia mal una palabra y se ríe espontáneamente, podemos compartir ese momento con ella.
Pero si olvida un nombre y nosotros decimos delante de otras personas:
«Ya está otra vez, no se acuerda de nada»,
aunque lo presentemos como una broma, puede sentirse avergonzada, ridiculizada o excluida.
Una regla sencilla puede ayudarnos:
Si la persona no está dentro de la broma, probablemente no sea una buena broma.
El humor puede mejorar el ambiente y ayudar a afrontar situaciones difíciles, pero las bromas que convierten a una persona con demencia en el objetivo pueden resultar hirientes.
😊 El diagnóstico no borra el sentido del humor
Una persona que siempre ha sido bromista no deja automáticamente de serlo porque reciba un diagnóstico.
Puede seguir disfrutando de:
😂 Chistes sencillos.
🎬 Comedias o programas que conoce.
🎵 Canciones divertidas.
📷 Fotografías familiares con historias graciosas.
🐶 Las ocurrencias de una mascota.
👨👩👧 Bromas familiares conocidas.
💃 Bailar de una manera divertida.
🤭 Recordar pequeñas travesuras del pasado.
Lo importante es observar su reacción.
Si sonríe, participa, responde o busca continuar el juego, probablemente ese tipo de humor siga resultándole agradable.
Si se queda seria, parece confundida o muestra incomodidad, es mejor cambiar de tono.
Como ocurre con tantas cosas en el cuidado, la persona nos va dando pistas.
🧠 El humor también necesita adaptarse
La demencia puede afectar a la capacidad para encontrar palabras, comprender algunas expresiones, seguir conversaciones largas o interpretar el lenguaje.
Por eso, una broma que antes funcionaba puede dejar de hacerlo.
El sarcasmo, la ironía o las frases con doble sentido pueden resultar especialmente difíciles de interpretar.
Una expresión como:
«¡Muy bien, hombre, justamente lo que nos faltaba!»,
dicha en tono irónico, puede entenderse literalmente.
Cuando hay dificultades de comprensión suele funcionar mejor un humor:
🙂 Sencillo.
👀 Muy apoyado en gestos y expresiones.
🎵 Basado en algo familiar.
📺 Visual.
🗣️ Con frases breves.
❤️ Compartido desde la cercanía.
Una mirada cómplice o una sonrisa pueden comunicar mucho incluso cuando resulta difícil seguir una conversación completa.
🎵 Buscar aquello que siempre le ha hecho gracia
No hace falta convertirse en humorista.
Podemos recuperar cosas que ya sabemos que funcionan.
Quizá vuestro padre siempre se reía viendo una determinada película.
Tal vez vuestra madre cuenta desde hace décadas la misma historia de unas vacaciones que terminaron de manera disparatada.
Puede que haya una canción que siempre acabe con alguien bailando en la cocina.
Podemos crear una pequeña «reserva de buen humor»:
🎬 Películas y series conocidas.
🎶 Canciones alegres.
📸 Fotografías con buenas anécdotas.
📖 Historias familiares.
🐕 Vídeos de animales si le gustan.
🎲 Juegos sencillos que suelen provocar risas.
👥 Personas con las que mantiene una relación especialmente distendida.
No buscamos estimular a la persona continuamente.
Simplemente tenemos recursos para aquellos momentos en los que apetezca compartir algo agradable.
😅 Cuando un error puede convertirse en un momento ligero
La convivencia con una demencia está llena de pequeños errores y malentendidos.
Algunos producen frustración. Otros pueden convertirse, si la persona lo vive bien, en momentos compartidos.
Imaginemos que alguien busca durante varios minutos sus gafas y finalmente descubre que las lleva puestas.
Podemos decir sonriendo:
«¡Mira dónde estaban! Hoy nos han ganado las gafas».
Si la persona sonríe, el error queda convertido en una pequeña anécdota.
Pero si está enfadada o avergonzada, probablemente no sea el momento.
El objetivo nunca debería ser conseguir una risa a cualquier precio.
🌧️ También hay días en los que no apetece reír
El humor no debe convertirse en otra obligación.
Una persona puede estar triste, cansada, tener dolor o simplemente no estar de humor.
En esos momentos, decir:
«Venga, sonríe un poco»,
puede hacer que se sienta poco comprendida.
No necesitamos transformar cada dificultad en algo positivo.
Hay momentos para una broma y momentos para escuchar, acompañar o simplemente permanecer en silencio.
La comunicación con una persona con Alzheimer requiere prestar atención al tono, las expresiones faciales y el lenguaje corporal, escuchar sus preocupaciones y evitar tratarla de forma infantil.
El humor también debe respetar esas mismas reglas.
🤝 Puede ayudar también a quien cuida
Cuidar durante mucho tiempo puede resultar emocionalmente exigente.
Hay frustración, cansancio, tristeza y días especialmente complicados. El Instituto Nacional sobre el Envejecimiento recuerda que quienes cuidan a una persona con Alzheimer pueden experimentar emociones como soledad, enfado, confusión o desánimo.
En ese contexto, conservar espacios para el humor puede ayudar a que el cuidado no ocupe absolutamente toda la relación.
Porque esa persona sigue siendo también tu madre, tu padre, tu pareja, tu abuelo o tu amiga.
No todo tiene que girar alrededor del diagnóstico.
Podéis seguir hablando de cosas absurdas.
Podéis seguir riéndoos de aquella historia familiar que conocéis de memoria.
Podéis seguir teniendo códigos propios.
Y quizá eso recuerde algo importante a ambas partes: vuestra relación es mucho más amplia que las tareas de cuidado.
🚫 Algunas bromas es mejor dejarlas fuera
Aunque tengamos mucha confianza, conviene evitar utilizar el humor para:
❌ Burlarnos de pérdidas de memoria.
❌ Imprimir vergüenza por problemas de continencia.
❌ Hacer comentarios sobre dificultades para comer o vestirse.
❌ Ridiculizar una confusión delante de otras personas.
❌ Gastar bromas sobre miedos, alucinaciones o ideas que la persona vive como reales.
❌ Fingir que hemos olvidado algo para «ver si se da cuenta».
❌ Ponerla a prueba y después reírnos del resultado.
Tampoco deberíamos hablar sobre ella como si no estuviera presente.
Las recomendaciones sobre comunicación en Alzheimer insisten precisamente en dirigirse a la persona, darle tiempo para responder y mantenerla dentro de la conversación.
La dignidad no está reñida con el humor.
De hecho, el mejor humor suele aparecer precisamente cuando hay confianza y respeto.
🌿 Cinco maneras sencillas de recuperar momentos de humor
Si últimamente todo parece demasiado serio, podemos probar sin forzar:
🎵 1. Recuperar una canción divertida
Pon una canción que sabes que le gusta y observa qué ocurre. No hace falta pedirle que cante ni que recuerde quién la interpretaba.
📸 2. Sacar una fotografía con historia
Mejor preguntar:
«Mira esta foto, qué día aquel»,
que convertirla en un examen:
«¿Te acuerdas de cuándo fue?».
🎬 3. Volver a una comedia conocida
Las películas o programas familiares pueden resultar más fáciles de seguir que contenidos completamente nuevos.
😄 4. Reírse también de uno mismo
El cuidador puede equivocarse, olvidar cosas o hacer alguna torpeza.
Decir:
«Hoy la que necesita revisar la memoria soy yo»,
puede generar una complicidad muy distinta a señalar constantemente los errores de la persona mayor.
🤭 5. Seguir una broma que empieza ella
Si hace un comentario divertido, responde con naturalidad.
No hace falta corregir continuamente el hilo de una conversación si ambos estáis disfrutando del momento.
❤️ Que la enfermedad no se lleve también las risas
Un diagnóstico cambia muchas cosas.
A veces también cambia la forma de conversar, de recordar o de entender algunas situaciones.
Pero no todo tiene que convertirse en enfermedad.
Mientras haya oportunidades para compartir una canción, una mirada cómplice, una historia absurda o una carcajada inesperada, esos momentos siguen formando parte de la relación.
No necesitamos reír constantemente.
Ni utilizar el humor para esconder lo difícil.
Simplemente podemos permitir que siga estando ahí cuando aparezca.
Porque cuidar también puede ser eso: preservar aquello que todavía os hace sentir juntos, reconocibles y cercanos.
Y cuando la comunicación empieza a resultar más complicada, no siempre la causa está únicamente en la memoria. Una pérdida de audición puede hacer que la persona responda menos, parezca distraída o tenga dificultades para seguir conversaciones. En el siguiente artículo hablaremos de audífonos y comunicación, y de pequeños cambios que pueden facilitar mucho las conversaciones cotidianas.
